Buenos Aires, Republica Argentina. sábado, 02 de agosto de 2014
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PERFIL > VILLA 21 BARRACAS
"Los curas que vivimos en las villas vemos las dos caras de la verdad"

 

El padre pepe, gran referente de los curas villeros, nos cuenta acerca de los valores, de la humildad y de la santidad en una entrevista exclusiva de hace tiempo, que viene bien recordarla en un día cómo hoy.

"En los barrios pobres están las dos caras de la moneda: lo conocés de chiquito, toma la co­munión, hace la confirmación y de pronto cae en el “Instituto Agote”. La violencia, los asesinatos. Es muy difícil de aceptar que alguien pierda la vida tan irracionalmente.

 

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El Padre Pepe durante la entrevista y con el mate preparado.

En Iriarte y Luna vemos una gran cruz blanca y la ciudad cambia su aspecto y sus reglas. Seguimos por Luna hasta la calle Osvaldo Cruz, doblamos a la derecha y allí nos encontramos con la Parroquia Nuestra Señora de Caacupé. En un enorme galpón se puede observar un mural del Padre Daniel de la Sierra que es un icono de la Villa 21.

En la Parroquia las puertas estaban abiertas de par en par, antes de en­trar hicimos una pausa para rezar, esperando una bendición y cuando estábamos dispuestos a avanzar una enorme sonrisa ya estaba delante nuestro invitándonos a pasar. El Pa­dre Pepe Di Paola nos recibió con mucha cortesía.

¿Hola, chicos como están?, nos recibe el Padre Pepe, sin ningún formulismo, simple y directo. Nos hace pasar a su oficina de 2 x 2 en la que pudimos observar retratos de sus grandes amores: la madre Teresa de Calcuta, varias fotos de la Villa 21, y un gran escudo de Huracán! Sí. ¡El padre Pepe es quemero!

Mientras ceba un mate y lo com­parte, comienza la entrevista.

R: ¿Cuál es tu apuesta, dónde pones tu esfuerzo? 

PP: Va a todo. Tengo grabada a la Madre Teresa, hay que apostar a todo, en cada persona el rostro de Cristo, desde un joven que porta un arma y que hay que convencer que no es así. Que así no es la vida; hasta un niño que hay que apunta­larlo con valores y forjarlo para que crezca fuerte. Apostar a todos.

La Madre Teresa es la maestra de estos tiempos, para mi es la cara de la caridad y Juan Pablo Segundo como misionero, la misión en obra. No escatimar esfuerzos y no hay causas perdidas.

R: ¿Qué te decepciona? 

La indiferencia, la injusticia, el olvi­do. Estamos acostumbrados a los problemas y muchas veces no po­des resolverlos o encontrar una so­lución. Pones muchas fichas en un chico que esta saliendo de la droga

y de golpe lo ves peor que nunca y lo tenés que ir a visitar a la cárcel. Realmente tenés que tener la Fe que te fortalezca el espíritu, para volver a empezar nuevamente.

Están las dos caras de la moneda: lo conocés de chiquito, toma la co­munión, hace la confirmación y de pronto cae en el “Instituto Agote”. La violencia, los asesinatos. Es muy difícil de aceptar que alguien pierda la vida tan irracionalmente.

Pusimos una cruz blanca en Iriarte y Luna en conmemoración de los muertos por la violencia en el barrio.

R: Desde que estás en el barrio, hubo un gran aumento de los fieles que van a la misa en la Villa ¿Cómo fue?

PP: La meta que nos propusi¬mos fue generar en la Iglesia un ám­bito de luz, participación y lider­azgo positivo. Así como éste chico vende droga, éste otro me lleva al campamento. El liderazgo positivo.

El día que trajimos la réplica de la Virgen de Caácupe nos acompañó una multitud impresionante. Eso es lo que une al barrio: la venida de la Virgen; de una escasa participación se transformó en algo multitudi­nario.

R: ¿Que enseñanza podemos decir que deja la vida en la Villa?

PP: En la Villa se viven algunos as­pectos culturales que en la ciudad se añora. Por ejemplo la relación con los vecinos, el compartir el mate, el cuidado de los chicos, el respeto a las tradiciones, las fiestas religiosas y fundamentalmente la solidari­dad. Una mujer que tiene 8 hijos,

y aparecen los hijos de la hermana del interior que no tiene como mantenerlos en su lugar de origen, y la señora los adopta: hay valores solidarios.

También necesita mucho de la ciu¬dad, no puede estar aislada.

R:¿Qué temas plantearon los Cu­ras Villeros al Gobierno ?

PP: Uno es rescatar las culturas de las villas, adoptar este término de “integración urbana”, es decir ad­mitir que las villas ya son barrios obreros, y que para hacer las mejo­ras lo hagan hablando con la gente, no buscando sólo a los punteros.

Me preocupa el tecnicismo con que miran una maqueta y opinan cómo debería ser un barrio, el cli­entelismo político, la prensa ama­rilla. Digo que no hay que conocer la villa a través de los titulares de los diarios. Los políticos y también los periodistas deben orientar sus pre­guntas a ¿qué hacer con la violen­cia? ¿qué hacer con las drogas? ¿qué hacer con las villas?

Pareciera que todos los males que pasan en el país dependieran de lo que van a hacer con las villas, nadie pregunta qué van hacer con los de Barrio Norte.

Los curas que vivimos en las villas tenemos la oportunidad de ver las dos caras. ¿Qué pasa con la erradicación de las villas? Varias veces salimos en contra de la “erradicación de la villa 31” porque nos oponemos a la erradicación de cualquier otra villa.

Si hacen una encuesta verán que no hay chicos de la Villa en la UBA. ¿Dónde esta la igualdad de oportunidades? La guardia del hospital Penna, por ejemplo debería brindar mejor ser­vicio a la gente, acá no tenemos colectivos que vayan al hospital, y las ambulancias no entran a las vi-llas. Hay más de 30.000 habitantes en el barrio y ni una ambulancia.

R: ¿Un ideal?

PP: Vivir en una sociedad mas soli­daria con un espíritu más solidario. Vencer el individualismo.

R: ¿Cómo te imaginás el barrio dentro de 10 años?

Soy optimista en algunas cosas y en otras no, pero creo que la reserva moral de la Argentina está en las clases más humildes. Siempre supe que la realidad es dura, voy apren­diendo.

R: ¿Cuando hablás de santidad a que te referís?

PP: Conocí gente del barrio que la miro y siento que lleva en su vida rasgos de santidad, hay testimonios de vida en el barrio impresionantes, y ojala que el día que me toque a mi pueda tener la misma entereza y la misma convicción que esa gente.

La mirada del Padre Pepe se pierde, suspira y nos devuelve una sonrisa fraternal. Nos fuimos confortados. La 21 tiene un soldado firme que lucha en defensa de los necesitados.

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